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La discusión que se viene

Posted on July 30, 2009 by Horacio

Hace unas semanas, el único diario deportivo de tirada nacional en Argentina publicó en su portada una fotografía de una bandera con una leyenda. Esa foto no era real, sino que había sido editada con un software por un ignoto internauta. Sin embargo, el periódico la publicó como si fuera real. Hubo un gran escándalo pues se puso de manifiesto el problema de la credibildiad de los medios masivos de comunicación. A raíz de ese incidente escribí para el blog La Redó! el artículo que sigue, publicado hace ya unas semanas. Es una toma de posición personal acerca de la validez de los medios electrónicos en relación al hecho de que muchísimos medios considerados “profesionales” incurren frecuentemente en el fraude periodístico.

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Portada

El banderagate que sacudió ayer al diario Olé! no hace más que terminar de desnudar las debilidades del periodismo deportivo argentino. Ni bien se descubrió el fraude, un responsable del diario salió a explicar el papelón. Viendo el pobre nivel del mediocre tabloide impreso, y la paupérrima calidad que día a día nos ofrecen las actualizaciones de su web, uno no debería sorprenderse del todo ante la posibilidad de que la explicación que dio el diario sea cierta: se equivocaron. Cometieron un error propio de un novato incompetente.

Por otro lado hay una segunda explicación posible, factible también, que varios ya han mencionado: la de pensar que la excusa del diario es falsa y que la información inventada fue un vil intento de engañar a sus lectores siendo esa tapa parte de una operación con vaya uno a saber qué intención. No sería raro. Pero en realidad es irrelevante preguntarse cuál es la verdad de lo que pasó. Sea cual fuere, ambas explicaciones son dos caras de una misma moneda: la de la mediocridad y la vulgaridad -y si la segunda explicación fuese verídica incluiría la de la corrupción- de gran parte del periodismo deportivo argentino, en especial aquel que comunica a través de los grandes medios.

La explicación que Leo Farinella dio ayer en el programa Estudio Fútbol incluyó excusas del tipo de: “esto tiene que ver con una discusión interesante que se va a dar en el periodismo que viene que es el poder casi inescrupuloso que tiene Internet” “los peligros de Internet… en Internet nadie se responsabiliza por las cosas.”

Gracias a la web, las comunicaciones han sufrido una serie de cambios estructurales importantísimos. Pero Internet no se inventó ayer. La discusión sobre el uso de la web no es una discusión que se viene, Farinella. Es una discusión que empezó hace ya mucho y a la que, por lo visto, Olé! llegó tarde. Ni Internet tiene un poder inescrupuloso, ni el pibe que decidió trucar una foto es un cráneo que consiguió a través de un plan majestuoso hacer caer al gigante. El diario se cayó solo, tropezándose de la manera más torpe.

Es cierto que Internet puede ser peligrosa, pero sólo para aquel que no la sabe usar. Si se acepta la explicación de Olé! entonces uno se verá forzado a creer que el periodismo deportivo argentino masivo (lamentablemente Olé!, por una cuestión de tamaño de mercado es el único diario deportivo del país) no sólo tiene serias deficiencias profesionales, sino que además es incapaz de usar debidamente un recurso tan básico y primordial como Internet.

Pero en realidad, la cuestión que nos compete es la inevitabilidad de vincular el episodio de ayer con el temor hacia la masividad que la web ofrece, que de un tiempo a esta parte han expresado algunos de aquellos que tradicionalmente detentaron el monopolio de la comunicación (a través de la prensa televisiva, radial o gráfica).

Esa aprensión de los temerosos se debería, en sus propias palabras, a dos factores: la mala calidad de los medios electrónicos y la posibilidad de injuriar impunemente que Internet ofrece. Sin embargo, esas explicaciones no son del todo satisfactorias. Por el contrario, una hipótesis podría ser que el inquisidor y miedoso conservadurismo de algunos afamados comunicadores y divulgadores hacia aquellos que se expresan a través de la web no sea tanto el fruto de la posibilidad de injuriar que Internet ofrece, sino tal vez de la posibilidad de que el lector, el televidente, el oyente, consulten otro medio que no sea el de ellos. Porque, ¿acaso ayer no quedó demostrado una vez más que para mentir, para injuriar, para inventar sin responsabilizarse no hace falta tener una web, ni mucho menos un blog? Y si lo que me ofrece determinado sitio es pobre, ¿cuál es el problema? ¿Quién me obliga consumir eso? Es más, ¿alguien evaluó la calidad del trabajo de aquellos que supuestamente hacen “periodismo profesional”?

Estas personas parecen no ser capaces de entender la naturaleza del cambio, de la democratización en las comunicaciones que introdujo Internet. Es una novedad que vino a darle voz a los que no la tenían, sí, pero también es un cambio que les permite enriquecer infinitamente su labor a aquellos que ya desde antes de la consolidación de Internet tenían la posibilidad de expresar sus opiniones a la sociedad toda. Que no sean capaces de beneficiarse efectivamente de la masividad como medio de difusión y fuente de información que Internet es, demuestra las limitaciones y las carencias de nuestros comunicadores.

Eso sí, la discusión que se viene no tiene nada que ver con lo que expresó el periodista de Olé! ayer. La discusión que se viene tal vez pase por explicar y resolver situaciones que cada vez se muestran más contradictorias. ¿Por qué el periodismo deportivo tiene que ser berreta, chabacano y repetitivo? ¿No se puede pensar un modelo de negocio editorial deportivo que cuestione ese modelo que el monopolio existente propone y que se base en otros productos, en otros valores? ¿No se pueden discutir ciertas prácticas que la disciplina considera fundamentales como el anonimato de la fuente, y en las cuales el periodista se escuda abusivamente para robar, inventar e injuriar? En cualquier disciplina (que no sea el periodismo), citar la fuente constituye una praxis mínima si se quiere dar validez a un trabajo. Concediendo que hay casos en los que el periodismo necesita ocultarlas, la realidad es que estamos ante una actidud de constante abuso de esa práctica por parte de los que comunican noticias en nuestro país. Y yendo a lo específico, ¿por qué un medio -electrónico- no puede acceder a acreditaciones que le permitan cubrir el evento in situ e interrogar cara a cara a los protagonistas del deporte siendo que lo único que lo diferencia de aquellos que sí gozan de ese acceso son sus recursos económicos? ¿Por qué, por ejemplo, medios electrónicos de probada seriedad y constancia tienen infinitas trabas para acceder a un ISSN del que sí gozan medios de baja reputación cuyo único mérito es el de detentar una posición oligopólica en determinada industria basada en su riqueza económica?

Estas son sólo algunas preguntas. Seguramente existan muchas más. Ayer uno de los principales medios de comunicación deportivos de la Argentina hirió de muerte su credibilidad. La foto falsa estaba acompañada de un artículo “informativo” que comunicaba toda una serie de eventos falsos e inexistentes. Y allí nadie engañó al periódico. Allí hubo invención lisa, llana y deliberada. Esta situación tal vez los obligue a replantear un modelo periodístico-editorial basado en el uso de recursos humanos incompetentes y mediocres (modelo periodístico que por cierto no es exclusivo del Diario Olé!). Y si no replantean nada, no importa. Por fortuna, los velos se van corriendo. Tal vez esto acelere procesos y discusiones que una vez concluídos terminarán beneficiando al aficionado a los deportes.

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